GEMELAS DE UN LADO Y OTRO DEL MURO: GAZA Y TEL AVIV

GEMELAS DE UN LADO Y OTRO DEL MURO: GAZA Y TEL AVIV

GEMELAS DE UN LADO Y OTRO DEL MURO: GAZA Y TEL AVIV

HERMANAS UNIDAS POR LA SANGRE, LA VOCACIÓN

Y EL TESTIMONIO EN LUGARES DE GUERRA

Nuestra Familia Religiosa del Verbo Encarnado, abunda en ejemplos de hermanos de sangre que comparten también la vocación religiosa. Incluso hay familias que han dado varios de sus hijos a Dios; pero no todos ellos llegan a estar en la misma misión, separados por una situación de conflicto, como el caso de las Hermanas Pilar y Perpetuo Socorro Llerena Vargas. Y No sólo hermanas, sino ¡también gemelas!

La Hna. María del Pilar está en la misión de nuestro Instituto en Gaza, sirviendo a Dios en la única parroquia católica del lugar que está a cargo de los sacerdotes del Instituto del Verbo Encarnado, la parroquia “Sagrada Familia”.

La Hna. María del Perpetuo Socorro está en nuestra misión en Yaffo-Tel Aviv, ayudando en la parroquia San Antonio, en la Iglesia de San Pedro y en la escuela católica, pertenecientes a la Custodia Franciscana de Tierra Santa.

En estos días, ambas hermanas, están viviendo la peor escalada de violencia que se haya visto desde el 2014.

De mi parte, como superiora de ambas religiosas, al buscar apoyarlas, me ha pasado varias veces, estar hablando por teléfono con Pilar y escuchar los bombardeos que caen en esos momentos en Gaza cuyas consecuencias cobran vidas inocentes. Muchas familias pertenecientes a nuestra Parroquia tienen sus casas dañadas y ya no están a salvo. Por eso, para proteger sus vidas y la de sus hijos, fueron acogidos en la Parroquia católica, donde nuestras hermanas y sacerdotes los recibieron con una caridad exquisita.

Pilar, como el resto de las religiosas y sacerdotes, ante la espiral de violencia que fue creciendo en estos días, aun pudiendo salir, ha preferido permanecer en la misión. Es una elección libre, porque el amor de Cristo es el que le da esa santa libertad de donarse por las almas. En definitiva, esta es una consecuencia de su vocación religiosa. Pilar como tantos palestinos en Gaza, experimenta la impotencia ante el flagelo de la guerra y todo el sufrimiento que se sigue de ella, de modo particular, el de los niños, muchos de los cuales son sus alumnos de catecismo o del Oratorio. Sufrimiento inocente que sube ante el Señor como precioso aroma de incienso pidiendo el anhelado don de la paz en una tierra santificada por el paso de tantos santos y mártires cristianos que dieron su vida para testimoniar el amor de Cristo y aun antes, según la tradición, santificada por el paso de la Sagrada Familia en su exilio a Egipto.

Las noticias del otro lado del muro, en Israel, son muy preocupantes, nunca se ha visto nada igual. Llamo por teléfono para saber cómo están nuestras hermanas en Yaffo-Tel Aviv a raíz de los cohetes que llegan desde Gaza y de las manifestaciones violentas en la zona e incluso frente a la escuela donde viven nuestras hermanas. Más de una vez, durante la llamada, se escucha una sirena que alerta sobre la posible caída de un cohete, del cual se ignora si será interceptado o impactará en alguna casa, edificio, o medio de transporte, por eso todos deben correr a un lugar seguro. Mientras estamos hablando las hermanas me muestran un lugar un poco más seguro que su casa en el segundo piso. Un pequeño refugio debajo de una escalera. El sonido de la sirena pasa y minutos más tarde sonará otra que cobrará víctimas también inocentes de esta guerra, algunos de ellos trabajadores extranjeros, otros árabes o judíos…. Por otro lado, también se conocen otras víctimas de esta absurda violencia, que sufrieron ataques de piedras mientras que iban por la ruta o quedaron en medio de una manifestación en plena calle y donde un grupo decidió que por el sólo hecho de ser árabe o judío, tenían que ser linchado.

Pero en medio de tanto mal, hay un milagro que Dios está obrando, seguramente para que ya no haya más víctimas inocentes de un lado o del otro y que se renueven los acuerdos de paz: el ofrecimiento que ambas religiosas, María del Pilar y María del Perpetuo Socorro, por ser misioneras, están dando sus vidas en una tierra que no es la suya, pero que aprendieron a amar por el sólo hecho de haber sido enviadas por Cristo para ser un reflejo de Su luz.

El milagro que ellas viven es el de la más profunda caridad que las une, no sólo por ser hermanas gemelas sino por ser religiosas, madres de almas que no miden la entrega… como lo hace toda madre, que daría mil vidas para salvar a los hijos que engendró. Pilar y Perpetuo Socorro están cumpliendo lo que nuestras Constituciones nos piden: “La religiosa sobre todo debe ser madre, ya que engendra hijos por la cruz, por la oración, por el celo apostólico, por el ejemplo, por el anuncio” (N. 119).

San Juan Pablo II, perdón, justicia y paz

Entre ellas la comunicación es muy fluida, como es de esperar, no para fomentar una visión parcial de este conflicto, sino para darse ánimo mutuamente, para seguir luchando por la paz, no con las armas sino con la oración y el ejemplo; para poder “ofrecer” juntas esta separación e incertidumbre de lo que puede ocurrir a cada momento; en fin, para que se pueda dar la paz que es un fruto de la justicia. Así lo explicaba magníficamente S. Juan Pablo II quien experimentó en carne propia los horrores de la guerra: “La verdadera paz, pues, es fruto de la justicia, virtud moral y garantía legal que vela sobre el pleno respeto de derechos y deberes, y sobre la distribución ecuánime de beneficios y cargas. Pero, puesto que la justicia humana es siempre frágil e imperfecta, expuesta a las limitaciones y a los egoísmos personales y de grupo, debe ejercerse y en cierto modo completarse con el perdón, que cura las heridas y restablece en profundidad las relaciones humanas truncadas. Esto vale tanto para las tensiones que afectan a los individuos, como para las de alcance más general, e incluso internacional. El perdón en modo alguno se contrapone a la justicia, porque no consiste en inhibirse ante las legítimas exigencias de reparación del orden violado. El perdón tiende más bien a esa plenitud de la justicia que conduce a la tranquilidad del orden y que, siendo mucho más que un frágil y temporal cese de las hostilidades, pretende una profunda recuperación de las heridas abiertas. Para esta recuperación, son esenciales ambos, la justicia y el perdón” (Mensaje para la Jornada mundial de la paz, 2002).

La Vocación de las Gemelas

Dada la singularidad de este caso, quisiera citar aquí el testimonio de ambas hermanas, sobre su vocación y el significado de estar en la misma misión en esta parte de Medio Oriente, aunque en lugares enfrentados.

Nos cuenta la Hna. Pilar: “Desde niña pensé ser religiosa imaginándome los distintos colores de hábito que vestiría, pero en mi adolescencia y con mi entrada al grupo parroquial ese deseo se fue enfriando, pues dedicaba mucho tiempo a Dios y al servicio de los demás con mis compañeros.

A los 24 años, la noche de Navidad, estaba rezando y a punto de dormirme, Dios me llamó en tal grado y tal forma que en ese momento consagré mi vida a Dios y le prometí que sería de Él y no me casaría con nadie, aunque nunca lograse entrar al convento. Era tanto el gozo y el amor que sentía que lloraba de alegría. Es algo que nunca olvidaré.

Poco después, las hermanas Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, hicieron una tanda de ejercicios espirituales y en ellos confirmé mi llamado del Señor.

El 11 de febrero de 1993 día de Ntra. Señora de Lourdes entré al convento. Recuerdo el rostro de mi mamá partido de dolor, pero sereno. Me dio su bendición y me dejó en el convento.

Un año después entraría mi hermana. Un duro golpe para mi familia pues mi hermana nunca había tenido inclinación a la vida religiosa. Pero para mí fue una gran alegría, ¡mi gemela, llevamos la misma sangre, el mismo apellido, compartimos muchas cosas cuando niñas y ahora, la misma vida como misioneras, la misma Familia Religiosa, la misma espiritualidad! ¿Qué más se puede pedir? Dios que nos unió desde el momento de la concepción, ahora nos une con un lazo más fuerte… ¡Él mismo!”.

Por su parte, la Hna. María del Perpetuo Socorro recuerda el papel clave que tuvo su abuela en esta llamada de Dios: “Mi vocación y la de mi Hermana, giran en torno a mi abuelita María, una mujer santa, pasaba mucho tiempo rezando, siempre nos despertábamos con el “Dios te Salve María”, y es que ella ponía la radio a volumen alto para que “despertemos con el Señor, decía”. Desde pequeña nos acostumbramos a escuchar el rosario a las 6 am. Mi abuelita María solía juntarse por las tardes con su amiga, llamada también María, Las dos Marías (así se hacían Llamar) rezaban el rosario y el devocionario después de ir a Misa, en ellos pedían de manera explícita a Dios la gracia de tener nietos consagrados, y como Él escucha las súplicas de sus fieles, les fue otorgada esta gracia y, aunque no estuvieron presentes en nuestra consagración, de seguro lo festejaron desde el cielo”.

Su llamado a la vida religiosa fue muy diferente al de su hermana Pilar: “Al ingresar a la universidad, me rodeé de amigos que pertenecían a un grupo político muy fuerte, llegué a conocer gente muy importante en la política, estaba muy dentro hasta llegar a los primeros escalones masónicos donde todo estaba permitido, menos hablar de Dios. Mi familia, incluyo a tíos, primos, etc. estaban muy contentos conmigo y tenían puestas sus esperanzas en mí.  El llamado llego cuando Él lo quiso, una gracia de primer grado, no cabía duda, y para los míos, fue un baldazo de agua fría. Ante su rechazo les dije, tal fecha entro al convento, y con lágrimas ese día hice mi bolso y salí. Con el tiempo lo comprendieron y dan gracias a Dios por tener dos monjitas en la familia, ciertamente, las oraciones de las dos Marías y las de mi hermana fueron escuchadas”.

Con respecto a la situación actual dice: “Tener una Hermana, que es además mi gemela, religiosa en la misma Congregación y, mucho más estando en la misma Provincia religiosa, es una bendición de Dios. Yo me encuentro en la misión de Yafo-Tel Aviv, mi hermana está en Gaza, y en estos momentos en que nos encontramos en guerra, ella allá y yo del otro lado, estamos aún más unidas por la oración, porque sabemos que es la voluntad de Dios que estemos aquí.

Constantemente nos comunicamos para saber cómo estamos, o simplemente, para saber cómo pasamos la noche, si rodeadas de estruendos por la caída de misiles, o de la sirena, que nos indica que hay que salir e ir a un refugio. Todos los días rezo para que la Virgen María la proteja. Estoy convencida que es así, ya que Ella nos dijo: “No tengas miedo ¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?” (Mensaje de la Virgen de Guadalupe a S. Juan Diego).

Quiera Dios y su Madre Santísima que el ejemplo de estas hermanas religiosas sirva para dar luz sobre cómo vivir en esta situación de violencia, para que jamás decaiga la esperanza y la confianza en Dios quien todo lo permite para un bien mayor.

Que el ejemplo heroico de estas dos gemelas religiosas, que hace muchos años que viven en Medio Oriente, atraiga a muchos a decidir su vocación para servir al Señor donde Él llame, con valentía, para poder estar en el mundo sin ser del mundo, siendo capaces de brillar con la luz de Jesucristo, quien quiere hoy iluminar tanta oscuridad y desolación.

  1. María del Cielo

Misionera en Tierra Santa

Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará

Familia Religiosa del Verbo Encarnado